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Los hombres que ubicaron montañas y cuevas para el Che PDF Imprimir E-mail

PINAR DEL RÍO.– Meses antes de que el pueblo cubano tomara las armas para hacerle frente a la invasión mercenaria que finalmente se desencadenó por Playa Girón, varios oficiales del Ejército Rebelde trabajaron secretamente en la preparación de la defensa del país.

A sus 86 años, el capitán Omar Fernández Cañizares confiesa con orgullo haber sido uno de ellos, y recuerda que fue el Che Guevara quien le propuso integrar la misión, tras convidarlo a su oficina y advertirle: «El enemigo se prepara para invadirnos, y por supuesto, hay que estar listos».

Días después, en una reunión presidida por el entonces comandante Raúl Castro, conocería más sobre la tarea. «Nos explicó que el país se dividiría para la defensa en cuatro zonas (La Habana, Pinar del Río, el centro y el oriente), y que había que trabajar con la mayor discreción», recuerda Omar, quien formaría parte del grupo comandado por el Che, en el territorio de Pinar del Río.

«Raúl nos dijo que había que dedicarse todo el tiempo a esta tarea, y olvidarse de otras responsabilidades, y nos advirtió que en las provincias donde estaríamos, los demás compañeros del Ejército Rebelde por el momento no sabrían de nuestro trabajo».

Omar (a la izquierda), en una de las muchas ocasiones que estuvo junto al Che. Foto: Archivo

Al término de la reunión, el Che invita a sus hombres a su casa, para puntualizar nuevos detalles.

Por aquel entonces, Omar se desempeñaba como director de la Aduana General de la República, pero para poder emprender la nueva misión, pasó a laborar oficialmente con el Guerrillero Heroico.

«En Pinar del Río era como si estuviéramos otra vez en la Sierra Maestra. Se caminaba mucho, usando brújulas y mapas de la región, ubicando cuevas, estudiando las elevaciones existentes, localizando los arroyos y ríos que sirvieran para beber, buscando datos de los animales, sobre todo caballos y mulos.

«Se trataba de hacer un estudio del territorio, como decimos en Cuba, tocándolo todo con la mano», rememora Omar.

Ante la inminencia de una agresión armada, comenta que era necesario además evaluar los puertos existentes, y determinar el calado de cada uno, con dos objetivos.

«El primero: saber si el enemigo podía desembarcar por ellos, y también si los barcos soviéticos de gran calado podían atracar, para traer armamento».

Cuenta que el Che venía a verlos semanalmente, para chequear cómo iba el trabajo, y cuando no podía hacerlo, les avisaba para que fueran a su oficina, en la capital del país.

«A veces llegábamos sobre las diez de la noche, la hora indicada por él, y no nos reuníamos hasta la una o las dos de la madrugada.

«Durante ese tiempo, revisábamos lo que íbamos a informar o nos tirábamos en el suelo y dormíamos un rato sobre la alfombra.

«La vida era bastante difícil, pues tratábamos de no cruzarnos con los compañeros del Ejército que fueran conocidos o amigos.

«Un día nos encontramos con el Comandante Dermidio Escalona, jefe del regimiento de Pinar del Río, quien nos preguntó qué hacíamos por allí. Le dije que le estábamos enseñando la provincia al camarada Angelito, un compañero hispano-soviético que formaba parte de nuestro grupo.

«Escalona no se tragó la excusa, pues vio en el jeep a Hermes Peña, quien era escolta del Che, y al Comandante Pinares, pero dio la vuelta y se fue.

«A los tres días, el Che se apareció y nos dijo que Escalona lo había ido a ver, por lo que tuvo que explicarle nuestro trabajo. Nos dijo que en lo adelante, cuando tuviéramos alguna duda o no encontráramos donde dormir, fuéramos al regimiento y habláramos directamente con él».

Apelando a la memoria, calcula que estas labores habrán durado alrededor de ocho meses, y afirma que el Che siempre escuchaba sus partes con mucha atención, hacía anotaciones, y luego salía a ver las cosas en el terreno.

«Entre sus sitios preferidos estaba la loma de Cayajabos (actualmente en territorio de Artemisa), donde había una cueva en la que puso su puesto de mando varias veces, porque tenía buena posición, y salida por distintos lugares, y también le llamó la atención la Cueva de Los Portales, donde radicó su comandancia durante la Crisis de Octubre.

«Él no conocía la provincia, y ninguno de esos datos existía, había que ubicarlos recorriendo el territorio», señala Omar.

Para el veterano revolucionario, el hecho de que su trabajo le haya sido de utilidad al Guerrillero Heroico para la preparación de la defensa de Vueltabajo, en un momento en que se sabía que el enemigo atacaría el país, pero se desconocía por dónde, constituye un gran estímulo.

«Tanto en Girón como en la Crisis de Octubre, estableció su puesto de mando en Pinar del Río, teniendo en cuenta las informaciones que habíamos recopilado para él», advierte Omar y a casi seis décadas de aquellos días, considera un privilegio haber estado a las órdenes de un hombre tan extraordinario como el Che.

 

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